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Los buenos edificios deben contribuir a hacer mejor la ciudad

“LOS BUENOS EDIFICIOS DEBEN CONTRIBUIR A HACER MEJOR LA CIUDAD”

Conversación con Humberto Martínez, presidente ejecutivo de Inmobiliaria y Constructora Marcan

 

 

¿Cómo se embarcan en el proyecto de construir AVA 159?
Quisimos hacer un proyecto que fuera emblemático, que pudiera reflejar la idea de crecimiento y ambición de los peruanos y de Lima y, especialmente, lo que habíamos aprendido en más de 25 años de desarrollo inmobiliario.

Con ese ánimo, empezamos a ver proyectos geniales alrededor del mundo y nos preguntamos: ¿por qué en el Perú no se pueden hacer esas cosas? Así que empezamos a enviar a nuestro equipo a distintas ciudades como Miami, Nueva York, Las Vegas, Barcelona y Milán a ver proyectos y proveedores, y nos pusimos en contacto con arquitectos y desarrolladores de otros países.

Vimos lo mejor que tenían ciudades como Bogotá, Buenos Aires o Santiago de Chile. Cuando conseguimos el lote en el año 2010 nos dimos cuenta de que era un lugar especial: está en el límite entre Miraflores y Barranco, mirando al mar y a la ciudad; y, aunque es una zona residencial, está muy bien servida por avenidas y por comercio. Entonces, hay un primer factor que es el sitio. El segundo factor tiene que ver con la madurez de la empresa: Marcan ya tenía 22 años. La empresa ahora tiene 29, pero el día que partimos con el desarrollo de ese proyecto la empresa venía desarrollando proyectos inmobiliarios desde el año 2003. Nosotros, la segunda generación, ya teníamos casi 10 años a cargo de la empresa y habíamos logrado un proceso de aprendizaje, de desarrollo, de construcción y de arquitectura en base a nuestra propia experiencia. La empresa había ganado un buen nombre, tenía un prestigio bien logrado, y cada año intentábamos generar innovaciones, muchas de las cuales se han aplicado en el sector. El tercer factor es la situación del país en el año 2010, cuando el proyecto parte. Los años 2010-2011 fueron buenos años para el Perú. Entonces, coincidieron el sitio, el buen momento de la empresa y el buen momento del Perú.

¿De dónde nace la motivación para desarrollar un proyecto como este, que desde el inicio desafió el status quo del mundo inmobiliario en Lima?
Nace de la mirada retrospectiva a la ingeniería y arquitectura peruanas. Los peruanos somos herederos de dos de las mejores tradiciones de constructores del mundo, los antiguos peruanos (incas y pre incas) que hicieron maravillas como Caral, Chan Chan y Machu Picchu; y los españoles, que diseñaron y construyeron lugares como El Escorial y La Sagrada Familia. Esta tradición ha estado presente en muchos instantes de nuestra historia colonial y republicana, pero se ha ido perdiendo en las últimas décadas, dando paso a ciudades anodinas, sin espacios públicos de calidad y con pocos buenos edificios.

Entonces, pensamos en rescatar esa tradición y retar la ecuación inmobiliaria, que te pide vender la mayor cantidad de metros cuadrados; y, en su lugar, desarrollamos el edificio para sus habitantes y la ciudad. La apuesta de Marcan es a hacer un edificio hermoso, que pone por delante la calidad, el confort, el espacio, los detalles y especialmente la comodidad para utilizar los espacios. Por eso el edificio es muy abierto, en el primer piso, en sus fachadas, en el último nivel, siempre muestras sus mejores caras a la ciudad.

En Marcan pensamos que también es posible rescatar la tradición de la arquitectura e ingeniería peruana como se hizo en los años 50 y 60. Es muy difícil que lo que hacemos hoy se puede comparar con la Residencial San Felipe, la Unidad Vecinal Nº3 o la Súper Manzana A de las Torres de San Borja, conjuntos que no solo resolvían viviendas en su interior, sino que también ayudaban a hacer ciudad. Un edificio como AVA 159 tal vez ponga un granito de arena en la reflexión que hacen hoy muchos arquitectos sobre nuestras normas actuales, que son muy restrictivas y, en lugar de orientarse a la ciudad que queremos tener, se orientan a la ciudad que algunos quieren evitar. El resultado de las normas actuales es que los desarrollos de las últimas dos o tres décadas consisten en edificios cerrados por muros en todo su frente, con fachadas laterales opacas y fachadas posteriores casi sin diseño. Se trata de edificios cuya forma está determinada por la planta del primer piso multiplicada por la altura, de departamentos con poca iluminación natural y mala ventilación, de construcciones con los AVA 159 retiros dedicados a estacionamientos en lugar de utilizarlos como espacios de integración con la ciudad. En toda la ciudad nos hemos ido encerrando, y la regulación no ha ayudado a evitarlo, sino todo lo contrario. Al comenzar el desarrollo de AVA, ¿qué querían que aporte a la ciudad y a la gente? Primero, tenía que aportar armonía, tenía que aportar dignidad, el espacio debía hacerte sentir mejor. La arquitectura tiene la capacidad de mejorar tu vida o de hacerla mas difícil. Entonces, lo que se planteó en el proyecto es que fuera amable, que agregara valor cotidianamente a las personas que tuvieran contacto con él desde afuera o desde adentro. Por eso el primer piso del proyecto se abre mucho, logrando que los visitantes sientan esa comodidad: todo lo que pasa en el lugar es transparente y no se oculta nada. Ese primer piso es como un amortiguador, un espacio de transición entre la ciudad y lo que pasa adentro. Por otro lado, la costumbre general al desarrollar proyectos inmobiliarios es sacarle el jugo a cada centímetro cuadrado: ¿cuál es el mínimo tamaño de la puerta que puedo poner?, ¿cuál es el mínimo tamaño del tablero y el mínimo ancho de sala? Nosotros tratamos de hacer el ejercicio contrario.

¿Qué tipo de oportunidades les abrió a nivel arquitectónico y funcional el hecho de tener un espacio abierto para los vecinos en la azotea?
Quisimos dejar los dos mejores lugares del edificio para el uso común. Así, el primer y el último piso, que son los lugares más interesantes del edificio, quedaron abiertos y no se vendieron. El piso 18 nos gustaba en especial porque desde ese lugar se tiene una vista de 360 grados de toda la ciudad, del mar y de la ciudad de noche, que se ve fabulosa. Quisimos que esas vistas, en lugar de que las tuviera una sola familia, las tengan todos los propietarios, y así quien se compra un departamento en AVA también se está comprando 600 m2 arriba. No los puede vender o techar, pero puede usarlos con su familia. Todos quisiéramos tener un
penthouse, una terraza con vista al mar, y los propietarios del edificio los tienen.

¿Cómo llegaron a obtener el Architizer A+ Award de 2017 con este proyecto?
La arquitectura de hoy ya no es la arquitectura estrambótica de la Guerra Fría, donde se hacían grandes palacios de gobierno para demostrar poder; ni tampoco es la arquitectura imperial en la que se trataba de dejar una huella. Ya no funciona así, ahora la ciudad se hace para los ciudadanos, para las personas. Lo que miden estos premios es justamente cómo haces que tus productos funcionen para la gente, cómo ayudas a que las personas puedan vivir mejor y cómo logras que los proyectos se integren a la comunidad. Se busca que la arquitectura, en lugar de ser invasiva y disruptiva, sume al espacio. Toda esa carga influyó mucho a la hora de ganar el premio, porque es una idea transversal a AVA y a todos nuestros proyectos.

Por otro lado, el premio ha llamado la atención porque hace mucho tiempo que ningún proyecto residencial peruano era reconocido internacionalmente. No es por falta de talento, en el Perú se construye bien, hay buenos ingenieros y buena mano de obra, pero falta que la regulación ayude. En otros lugares del mundo la regulación te devuelve en metros cuadrados lo que tú inviertes en metros cuadrados; entonces, si tú dejas espacio para áreas destinadas a la ciudad, lo puedes recuperar en pisos.

Fuente: Construcción e Industria. REVISTA DE LA CÁMARA PERUANA DE LA CONSTRUCCIÓN AÑO LII Nº 331 MAYO 2017